Javier Sáez Castán – Limoncito

Entrevista con Javier Sáez, a propósito de Elmer Campos, el protagonista del álbum ilustrado “Limoncito” (Ed. Océano Travesía. 2010)

Por Roger Omar.

Elmer Campos es un perdedor, ¿qué te interesa de los personajes perdedores? La idea del que cae y se levanta. Elmer Campos lo ha perdido todo, pero me interesa ese contraste; cuando uno ha llegado al fondo, a lo más bajo, a lo más oscuro, se enciende una lucecita ¿no? Realmente es un cuento de contrastes. Tampoco vamos a pensar que este personaje de repente triunfa, se casa con la más guapa, se hace millonario. No. Simplemente descubre que en el fondo todo estaba bien: lo que él había aprendido, lo que él sabe y puede hacer… entonces encuentra una oportunidad pero no a través de los resortes de triunfo y fama que nos ofrece la sociedad. Lo encuentra en el mundo de los niños. Sí, es así, encuentra su sentido en los más pequeños. Asociamos la Navidad al nacimiento, a la infancia, por eso sitúo en esa época la historia. El otro protagonista es un juguete, hay una vinculación con la infancia en toda la historia.

A pesar de su sordidez, me parece muy congruente que le dediques un álbum ilustrado a Elmer Campos… porque los niños en algún instante de su vida se sienten perdedores, se reconocen en ese sentimiento. No lo sé, a mí me plantea una duda saber para qué edad es este libro. Por una parte acabamos de hablar de su relación con la infancia, pero claro, el personaje tiene algo de underground y marginal… es ese personaje que llega al final del camino, no ha encontrado nada y se ha introducido en un mundo completamente alejado de los niños, y descubre que allá lejos, en aquellos recuerdos de su infancia, encuentra un nuevo camino; realmente es un poco extremo porque puedes decir “esto es sórdido y cutre” pero a la vez puede ser ñoño, muy cursi, es decir, puedes plantearlo como un cuento que juega con extremos, que puede ser kitsch, exagerado… Mi esperanza es que funcione con todos los públicos. Puede que no funcione con ninguno. Puede que interese a la edad fronteriza de la adolescencia porque es cuando uno empieza a vivir cambios y a intuir que está entre dos épocas… vamos, tampoco sé si el personaje funcionará con los adolescentes, no tengo ni idea, tú haces un libro y no sabes lo que va a pasar con él. El cuento muestra un proceso que va de la decadencia a la luz. ¿De qué procesos de decadencia has salido airoso? Creo que hago cuentos para no hablar de mí mismo. En toda historia hay una parte autobiográfica, pero no me intereso yo mismo como personaje. Me imagino que cualquier persona adulta en algún momento de su vida ha tropezado, se ha visto en alguna dificultad, se ha visto perdido, y luego ha tenido que empezar otra vez… eso es cierto y a mí me ha pasado más de una vez. Lo que ocurre es que en el cuento esto lo he exagerado a través de todos los emblemas del perdedor: es un personaje con sobrepeso, prematuramente envejecido, muy calvo pero a la vez con el pelo muy largo, muy desaliñado, gafas muy gruesas, o sea, justo lo contrario de los iconos del mundo de la moda, de los famosos; tiene manchas en la camiseta, fuma, está tumbado en el sofá, ve la tele, come pizza, bebe una cerveza tras otra. Por una parte esto no me atrae como forma de vida, pero también tengo una simpatía hacia el que está metido ahí y que no lo ha elegido, o sí, no lo sé… me parece muy humano. Humano, desamparado. Exactamente, es un personaje exageradamente real, abatido, desamparado, solo… yo espero que no cause demasiada repulsión y que despierte simpatía. Cualquiera nos hemos visto en un apuro. Claro, pero no siempre somos capaces de reconocer que la vida nos pone en situaciones difíciles, que nos sentimos solos. Exacto, lo que ocurre es que la sociedad también da la espalda al que se confiesa perdedor, y se crea un circuito de retroalimentación, es decir, si quiero que me den trabajo tengo que decir que triunfo, si digo que pierdo no me dan trabajo. Entonces lo normal es que mostremos nuestro lado más amable, exitoso. Pero bueno, a este personaje lo vemos sin máscara, lo vemos solo, en ese encierro en que está metido en su casa.

Usas mucho la simbología. Has confesado que tú mismo te sorprendes de que aparezcan símbolos en tus imágenes sin haberlo planeado. ¿Crees que la simbología es una construcción premeditada del artista o más bien es la propia realidad la que se encarga de salpicar con símbolos tus imágenes, incluso a pesar de ti)? Bueno, cuando empecé a hacer Limoncito no había ninguna elaboración simbólica. Había una historia pura, la de un perdedor y cómo de repente aparece en su casa Limoncito, el osito de su niñez, con situaciones que acaban traduciéndose en una transformación del personaje… bien, cuando yo pienso la historia no estoy trabajando sobre símbolos sino sobre emociones y conflictos y cómo se resuelven… lo que ocurre es que cuando empiezo a crear la historia con imágenes empiezo a descubrir colores, formas, elementos que crean un universo, una espacio visual, un ritmo (como ocurre en la música, donde hay un leitmotiv, elementos que se repiten). No me preocupa tanto transmitir un significado e interpretación, sino crear un universo visual con elementos que luego pueden tener un peso simbólico, por ejemplo el color amarillo es muy importante en este cuento. Hay una serie de elementos que voy utilizando, pero no me interesa que al final haya un manual de instrucciones sobre cómo leer el libro. Pero lo hay. Sí y no. Me interesa que se pueda leer de más de una forma, de hecho el primer lector del libro soy yo mismo, y empiezo a jugar con distintas lecturas que puede haber y hay momentos donde me interesa que haya ambigüedad, que no esté clara cuál de las dos interpretaciones es la que vale, es decir, no me preocupa tanto la transmisión de un significado como dar al lector la oportunidad de entrar en un universo donde él tiene que buscar qué pasa; de hecho puede haber más de una explicación. Regálanos una versión resumida de Limoncito. De una forma muy esquemática, es un cuento que tiene tres, quizá cuatro momentos claves: un momento inicial de oscuridad, un personaje abandonado, aparece una luz, ese osito que viene a buscarle, pero la cosa no es tan simple, el personaje lucha, no quiere que el osito le cambie su vida, hay un conflicto, y por último un descubrimiento -que no voy a revelar- que le inclina a ver las cosas de otra manera; pero claro, si fuera todo a la primera, si el personaje descubriera esa visión en la segunda página, no habría cuento. Lo importante es que sea un descubrimiento inesperado, progresivo… se podría resumir como una noche tormentosa, todo lo que ocurre de la noche al amanecer, hasta que sale el sol. Por eso tiene también un lado dulce, esperanzador.

© Ilustraciones de Javier Sáez.

(ENTREVISTA PUBLICADA EN EL NO. 42 DE LA REVISTA D[X]I.
MUCHAS GRACIAS AL AIRE LIBRO DE LA APIV).

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