MARC TORICES · Dibujante
(24 Agosto 1989)
Dibuja diariamente desde 2006. Graduado de Ilustración de la escuela Llotja.
Ocupación actual: Informador en el Museo de Historia de Barcelona.
PRIMERA PARTE
Marc, ¿Qué tan equilibrada está tu balanza mente-acción, imaginación-realidad, deseo-realización? ¿Llevas a cabo gran parte de las cosas que imaginas?
Creo que no… Supongo que dibujar es una forma de llevar a cabo cosas que imagino, aunque no suelo imaginarme las cosas que dibujo como si me ocurrieran a mí. Aunque sí tienen que ver conmigo, claro… Estoy divagando. A veces se me duermen los pies o las piernas y me pregunto qué pasaría si se me quedaran así toda la vida; con esa sensación de hormigueo y sobrepeso
¿Me cuentas un chiste en tres viñetas?
Pongámonos en situación: asistes a una fiesta llena de gente desconocida. ¿Qué cosas quisieras que la gente supiera de ti sin tener que dar explicaciones ni hablar?
Esta pregunta me incomoda. Quiero pensar que nada, pero me doy cuenta de que no es del todo cierto, ya que dibujo y lo publico en mi blog o en fanzines y, por lo tanto, se da por hecho que quiero que la gente sepa que yo hago esas cosas… pero no estoy del todo seguro. A veces todo esto me parece muy, muy ridículo. Me parece algo así como una gran mentira que estoy construyendo poco a poco. La mentira de que sé dibujar y de que hago cómics. A veces me paro a pensar y me digo: Marc, ¿qué coño estás haciendo? ¿Por qué demonios haces todo esto? Y claro, si en ese momento me pongo en la situación de estar en una fiesta llena de desconocidos que piensan de mí lo mismo que yo, pues imagínate… lo paso mal.
Normalmente lo que me pasa es que me incomoda dar por hecho que esto que hago es algo definitivo y venderlo como tal. Contarlo de forma natural. Aunque, claro, si lo hago debo hablar de ello. Y además enseñarlo por internet y buscar seguidores y todo eso… Pero bueno, supongo que forma parte del proceso. Al estar en estos círculos pues tienen que conocerme y tal… supongo, no lo sé.
¿Hay algún cuerpo donde te gustaría reencarnar?
No lo sé, pero espero que alguien me haga la misma pregunta en mi lecho de muerte, entonces seguro que sabría qué responder. Al pensar en esto, me imagino de viejo con mi nieto o mi hijo haciéndome la pregunta, dando por hecho que moriré anciano y además que tendré descendencia.
Nueva situación: despiertas en la cárcel después de una noche desgraciada. ¿Cuál es el crimen por el que has sido procesado?
Dejar que alguien muera delante de mí. No me refiero a ser yo el asesino o el que manda asesinar, sino a no socorrer a alguien que está siendo asesinado. ¿Te pueden encerrar por eso?
¿En qué circunstancias te has sentido prisionero en la Tierra?
La verdad es que no suelo pensar en nuestra situación astronómica cuando me agobio. Supongo que si en ese momento consiguiera abstraerme y pensar en el infinito desaparecerían mi sufrimiento y mis ganas de huir.
¿Qué te da el dibujo además de entretenimiento?
Quiero pensar que me da cierta serenidad y estabilidad mental, pero muchas veces resulta ser todo lo contrario. A veces no me apetece nada dibujar pero lo hago igualmente… Otras veces se convierte en una tarea muy pesada que debo llevar a cabo casi por obligación. En fin, depende del día.
Imagino que es una forma de justificar mi existencia.
¿A qué etapa de tu educación temprana asocias tu gusto/afición por el cómic?
Mi afición por el cómic no se hizo demasiado obsesiva hasta que llegué a la adolescencia tardía. Hasta entonces el cómic era para mí como las películas, los dibujos animados o los juguetes. Solía coleccionar cómics pero no me planteaba dibujarlos.

¿De quién has heredado tu gusto y habilidad para dibujar?
No lo sé… quizá de mi primo, que siempre dibujó muy bien. De pequeños, a mi hermano y a mí nos encantaba ver sus dibujos. Al llegar a casa intentábamos dibujar como él pero jamás lo conseguíamos, era bastante frustrante. Además no le gustaba nada que lo mirasen mientras dibujaba. Supongo que para que no viesen cómo lo hacía o algo así. Entonces, claro, yo me quedaba con la sensación de que si no veía cómo lo hacía, jamás podría hacerlo como él. Mi mayor referente era mi primo, pero mi hermano también me parecía un muy buen dibujante. Muchas veces le pedía que me dibujara cosas que sabía que yo era incapaz de hacer. Lo intentaba imitar, pero tampoco me salía bien. Hoy en día todavía me pasa a veces. Siento como que intento imitar a mi yo ideal que dibuja como yo querría dibujar.
Dibujando te recreas con las posibilidades que da el trazo (sombras, siluetas, líneas, puntitos para crear texturas y atmósferas). ¿Habla esto de tu afición por la pureza del dibujo, o más bien de un estilo que te apetece desarrollar?
Depende del carácter de la historieta o de la escena intento hacer un estilo u otro. Ésa es mi pretensión, claro. Luego sale lo que sale y muchas veces no funciona nada ni tiene coherencia, pero bueno, en todo caso creo que el dibujo es una vía muy dinámica y con muchas posibilidades para crear sensaciones y atmósferas en una historia.
¿Supone este despliegue generoso de puntitos y líneas que no te da pereza dibujar? ¿Cuánto tiempo inviertes dibujando? ¿Dibujas disciplinadamente?
No, no me da pereza dibujar. La verdad es que la parte que más disfruto de todo el proceso es cuando compongo la página, utilizando la regla o el compás, y en el momento de entintar. Me encanta detenerme en los detalles de cada viñeta, es algo así como llevar a cabo un mandala. No pienso en nada, sólo sigo las líneas. Dibujando invierto casi todo mi tiempo libre e intento hacerlo de forma continuada.
Tienes un trazo expresionista que se hace visible, por ejemplo, en el aspecto de los personajes, con rasgos que se deforman de viñeta a viñeta según sus reacciones y gestos. ¿Es una forma de hacerlos ver más humanos? ¿Es fruto de la espontaneidad de tu dibujo? ¿Una apuesta por la diversidad?
Un poco de todo. Me gusta que se vea que lo que hay dentro de una viñeta no es un personaje o un paisaje, sino que se perciba que son líneas que conforman una imagen. Me gusta que en algunas situaciones las líneas se tambaleen. Pero como te he dicho antes, todo depende de la historia. Además casi nunca me sale como espero.
¿Hay algún terreno del cómic que te haga sentir torpe y luches por superar?
Todos. El dibujo se me hace complicadísimo casi siempre. Tener que escoger los planos y encajarlos. Luego la historia y los diálogos también suelen hacerme sentir bastante mal, la secuencialidad y la narración. Pero bueno, lo mejor de todo es cuando he acabado uno de estos procesos; veo los errores con claridad y me siento bien porque tengo la esperanza de estar cada vez más cerca de eliminarlos, aunque puede no ser cierto y es entonces cuando sienta muy mal haber estado tantas horas en ese error fatal. Ja, ja. Qué visión tan jodida de todo, ¿no?
En varios de tus cómics aparece el tema de la culpa asociado al azar, la fatalidad, la crueldad. ¿Qué te interesa de la culpa como concepto?
No lo sé exactamente. Me interesa mucho ese tema porque todos nos hemos visto involucrados en la situación de ser culpables o de culpar a alguien. En cualquier discusión, siempre nos posicionamos de alguna manera. Creo que en muchos casos el que uno sea culpable o deje de serlo depende sólo de los valores del que, en aquel momento, domine la situación. Muchas veces es una tontería determinar quién es culpable de un acto. Se pretende analizar la situación pero es muy difícil hacerlo de forma infinitamente justa. No se puede. Creo que nuestra educación es muy teocrática y con una moral muy marcada que impide el ejercicio de una justicia real, ya que al final el bien y el mal lo determina la fé.
¿Qué es fé? ¿A qué le tienes fé?
Bueno, tiene que ver con la justicia y el deber, un poco. El Cristianismo, por ejemplo, tiene los siete pecados capitales, los diez mandamientos y varios deberes hacia el ser humano. Da la sensación de que esta disposición tan clara de compromisos y faltas sea una forma de explicar al individuo y de determinarlo. Las religiones pretenden revelar la realidad de manera muy concreta, una realidad que quizás no tiene aclaración, y que quizás no puede ser juzgada. Con fé me refiero a eso.
Hoy en día todavía existe la idea de la religión como objeto de deseo y de modelo para la sociedad (quizás no en las iglesias, pero sí en los centros comerciales o en las redes sociales). Es la utilización de pensamientos que se dan por hechos para poder desarrollar y discutir otras teorías. Son ideas a las que nos agarramos de forma desesperada. La idea del bien. Siempre hay que estar comparándose con ese ideal de lo que debería ser. Cuando en realidad no debería ser de ninguna manera. Yo estoy muy atado a esas convicciones de manera muy incontrolable. A veces me encuentro pensando cosas que lo único que provocan es hacerme sentir mal, acumular odio y rencor, de forma totalmente automática. Y lo relaciono bastante con estos ideales fantasma herencia de nuestro pasado ultrarreligioso y de superstición rencorosa.
¿Hay alguna voluntad consciente en contar x tipo de historias en tus cómics, o más bien se parecen a las pesadillas recurrentes que surgen espontáneamente?
A veces cuando intento hacer un tipo determinado de historieta me acaba saliendo, a mi parecer, muy evidente y forzado. Creo que lo mejor es dejar que una situación se te ocurra espontáneamente como en una pesadilla o un sueño, sí. Pero es que no tengo tampoco las ideas muy claras, soy todavía un estudiante, se me hace terriblemente difícil teorizar sobre lo que pretendo hacer.
¿En qué situación te has sentido realmente próximo a la locura?
Creo que muchas veces. Sobre todo cuando me doy cuenta de las cosas que hago durante el día a día y por qué las hago. Cuando me doy cuenta de que voy a morir y de que no hay nada qué hacer al respecto. Cuando salgo de la burbuja del presente continuo y me paro a pensar en el paso del tiempo.
De tu formación como ilustrador en la escuela Llotja ¿qué recursos has aprovechado en tu trabajo diario como dibujante?
Descubrí el líquido enmascarador, que utilizo bastante. También aprendí a dejar las cosas más acabadas, más presentables. Hubo profesores que eran verdaderos predicadores del oficio. Conocí a Pau Anglada, con el que me junté para hacer cómics ya que hasta entonces no había hecho apenas, e hicimos los primeros fanzines de Zángano Comix. Pero cuando se acabaron las clases de la escuela fue cuando empecé a organizarme bien el día, a trabajar diariamente y a formarme una opinión sobre el arte. Cuando estaba en clase me sentía como en el útero, era como que ahí había una estabilidad muy precisa, todo seguía su transcurso natural, cobijados bajo las opiniones y el punto de vista de los profesores; pero luego las clases se acaban y te das cuenta de que nada de eso existía, nada de aquello que decían tus profesores era verdad. No hay nada a lo que agarrarte. Nada que esté indiscutiblemente bien ni mal. Puede llegar a ser muy desesperante. Estuvo bien.
ABRIR PARA CERRAR
-¿Cómo fue el proceso de gestación de “Abrir para cerrar”?
Fue extremadamente caótico. Las primeras páginas que dibujé las hice sin ningún conocimiento de la historia que iba a contar. Tan sólo seguía mis avaricias de dibujar ciertas cosas y de cierta manera. El guión lo reescribí unas cinco veces y lo iba dibujando cambiando el significado de las páginas cada vez. Como estuve tanto tiempo y con una idea tan poco firme de lo que quería hacer, iba dibujando las páginas de forma inconexa prácticamente. En el momento de dibujarlas no era inconexa, claro; la situación en la que trabajaba en cada momento hacía referencia a mi idea de lo que quería que fuese el cómic, pero como cambiaba tan rápido de parecer y me hartaba de las páginas ya dibujadas, se hacía muy difícil continuar. Estuve a punto de dejarlo al dibujar el segundo capítulo (en un principio el tebeo debería haber tenido cinco partes). Pero decidí continuar en contra de mi voluntad, casi, casi, para entregar el trabajo a la escuela y olvidarme para siempre. Por eso digo que fue un cómic improvisado, porque aunque no lo fue exactamente, el proceso fue bastante irracional.
-¿Hay algo en ese álbum que aún te inspire cariño?
Claro, todo. Me inspira mucho cariño la horrible experiencia que resultó ser en determinados momentos, la narración ortopédica, muchas páginas en las que me pasé horas entintando y pensando en cosas absurdas y que luego no utilicé, las pretensiones desmesuradas que tenía, en fin… Estoy muy contento de haberlo hecho, de haber pasado todo eso. Creo haber aprendido habiendo hecho algo así. Un trabajo tan lento durante tanto tiempo. Me acuerdo sobre todo de la sensación que tuve al acabar. Una sensación de vacío absoluto e insatisfacción rara. Fue muy extraño. En realidad el problema era mío. Creía que hacer ese cómic iba a ser la solución a muchas cosas y solamente fue la solución al cómic. Ahora me doy cuenta de que sí que ha sido una solución o al menos una forma de organizar y pensar sobre cosas. Hacer cómics puede ayudar mucho a distanciarte de tu forma de ver el mundo y de tus prejuicios, porque al pensar en situaciones en las que intervienen personajes, te hace pensar en maneras en las que jamás pensarías, y hacer (o más bien dibujar) cosas que jamás harías o que no podrían ocurrir. Puede llegar a ser un ejercicio muy higiénico y terapéutico.
¿Quién es Gerard Torices? ¿Qué le has aprendido?
Es mi hermano mayor. De él he aprendido casi todo lo que sé de mí mismo. A ser crítico hacia la actividad artística y hacia la vida. Si no fuera por él no haría nada de lo que hago.
-¿Qué clase de cómics dibujaría un ser con el cerebro de Gerard y la mano de Marc?
Pues no lo sé. No conozco el funcionamiento del cerebro de mi hermano y no me atrevo a sacar conclusiones.
De hecho mi hermano tiene escritos varios guiones a la espera de que sean dibujados. Es más, este año empezaré a dibujar un cómic bastante largo escrito completamente por él y con el que dedicaré gran parte de mi tiempo. Tengo muchas ganas de ver cómo queda.
© TODAS LAS IMÁGENES: MARC TORICES
SEGUNDA PARTE (SE PUBLICARÁ EL 06/JUNIO/2013)
ENTREVISTA REALIZADA POR ROGER OMAR EN DIC 2012-ENE 2013



































A pesar de su sordidez, me parece muy congruente que le dediques un álbum ilustrado a Elmer Campos… porque los niños en algún instante de su vida se sienten perdedores, se reconocen en ese sentimiento. No lo sé, a mí me plantea una duda saber para qué edad es este libro. Por una parte acabamos de hablar de su relación con la infancia, pero claro, el personaje tiene algo de underground y marginal… es ese personaje que llega al final del camino, no ha encontrado nada y se ha introducido en un mundo completamente alejado de los niños, y descubre que allá lejos, en aquellos recuerdos de su infancia, encuentra un nuevo camino; realmente es un poco extremo porque puedes decir “esto es sórdido y cutre” pero a la vez puede ser ñoño, muy cursi, es decir, puedes plantearlo como un cuento que juega con extremos, que puede ser kitsch, exagerado… Mi esperanza es que funcione con todos los públicos. Puede que no funcione con ninguno. Puede que interese a la edad fronteriza de la adolescencia porque es cuando uno empieza a vivir cambios y a intuir que está entre dos épocas… vamos, tampoco sé si el personaje funcionará con los adolescentes, no tengo ni idea, tú haces un libro y no sabes lo que va a pasar con él. El cuento muestra un proceso que va de la decadencia a la luz. ¿De qué procesos de decadencia has salido airoso? Creo que hago cuentos para no hablar de mí mismo. En toda historia hay una parte autobiográfica, pero no me intereso yo mismo como personaje. Me imagino que cualquier persona adulta en algún momento de su vida ha tropezado, se ha visto en alguna dificultad, se ha visto perdido, y luego ha tenido que empezar otra vez… eso es cierto y a mí me ha pasado más de una vez. Lo que ocurre es que en el cuento esto lo he exagerado a través de todos los emblemas del perdedor: es un personaje con sobrepeso, prematuramente envejecido, muy calvo pero a la vez con el pelo muy largo, muy desaliñado, gafas muy gruesas, o sea, justo lo contrario de los iconos del mundo de la moda, de los famosos; tiene manchas en la camiseta, fuma, está tumbado en el sofá, ve la tele, come pizza, bebe una cerveza tras otra. Por una parte esto no me atrae como forma de vida, pero también tengo una simpatía hacia el que está metido ahí y que no lo ha elegido, o sí, no lo sé… me parece muy humano. Humano, desamparado. Exactamente, es un personaje exageradamente real, abatido, desamparado, solo… yo espero que no cause demasiada repulsión y que despierte simpatía. Cualquiera nos hemos visto en un apuro. Claro, pero no siempre somos capaces de reconocer que la vida nos pone en situaciones difíciles, que nos sentimos solos. Exacto, lo que ocurre es que la sociedad también da la espalda al que se confiesa perdedor, y se crea un circuito de retroalimentación, es decir, si quiero que me den trabajo tengo que decir que triunfo, si digo que pierdo no me dan trabajo. Entonces lo normal es que mostremos nuestro lado más amable, exitoso. Pero bueno, a este personaje lo vemos sin máscara, lo vemos solo, en ese encierro en que está metido en su casa.
Usas mucho la simbología. Has confesado que tú mismo te sorprendes de que aparezcan símbolos en tus imágenes sin haberlo planeado. ¿Crees que la simbología es una construcción premeditada del artista o más bien es la propia realidad la que se encarga de salpicar con símbolos tus imágenes, incluso a pesar de ti)? Bueno, cuando empecé a hacer Limoncito no había ninguna elaboración simbólica. Había una historia pura, la de un perdedor y cómo de repente aparece en su casa Limoncito, el osito de su niñez, con situaciones que acaban traduciéndose en una transformación del personaje… bien, cuando yo pienso la historia no estoy trabajando sobre símbolos sino sobre emociones y conflictos y cómo se resuelven… lo que ocurre es que cuando empiezo a crear la historia con imágenes empiezo a descubrir colores, formas, elementos que crean un universo, una espacio visual, un ritmo (como ocurre en la música, donde hay un leitmotiv, elementos que se repiten). No me preocupa tanto transmitir un significado e interpretación, sino crear un universo visual con elementos que luego pueden tener un peso simbólico, por ejemplo el color amarillo es muy importante en este cuento. Hay una serie de elementos que voy utilizando, pero no me interesa que al final haya un manual de instrucciones sobre cómo leer el libro. Pero lo hay. Sí y no. Me interesa que se pueda leer de más de una forma, de hecho el primer lector del libro soy yo mismo, y empiezo a jugar con distintas lecturas que puede haber y hay momentos donde me interesa que haya ambigüedad, que no esté clara cuál de las dos interpretaciones es la que vale, es decir, no me preocupa tanto la transmisión de un significado como dar al lector la oportunidad de entrar en un universo donde él tiene que buscar qué pasa; de hecho puede haber más de una explicación. Regálanos una versión resumida de Limoncito. De una forma muy esquemática, es un cuento que tiene tres, quizá cuatro momentos claves: un momento inicial de oscuridad, un personaje abandonado, aparece una luz, ese osito que viene a buscarle, pero la cosa no es tan simple, el personaje lucha, no quiere que el osito le cambie su vida, hay un conflicto, y por último un descubrimiento -que no voy a revelar- que le inclina a ver las cosas de otra manera; pero claro, si fuera todo a la primera, si el personaje descubriera esa visión en la segunda página, no habría cuento. Lo importante es que sea un descubrimiento inesperado, progresivo… se podría resumir como una noche tormentosa, todo lo que ocurre de la noche al amanecer, hasta que sale el sol. Por eso tiene también un lado dulce, esperanzador.