LUZ Y OSCURIDAD.

SUZIE TEMPLETON (1967, Hampshire, Inglaterra)
*ENTREVISTA REALIZADA PARA LA REVISTA NAIF #12.
Por Roger Omar.
Las animaciones de Suzie Templeton poseen la rara cualidad de atemorizar e iluminar a la vez. Ganadora de un Oscar por su adaptación animada del clásico “Pedro y el lobo” y creadora del mítico film “Dog”, Suzie ha visitado Lleida para participar en la 16ª edición del festival Animac.
¡Hola Suzie! Acabo de ver en Youtube tus filmes “Dog” y “Stanley”. En ambos hay fealdad y compasión, pero de algún modo inspiran belleza, amor. ¿Elijes la “oscuridad” como el camino para llegar al corazón del espectador? La oscuridad es mi territorio natural. Trato de llegar al corazón del espectador a través de lo que soy.
¿Qué ha rescatado la Suzie adulta de la niña que fue? Hacer marionetas y escenarios en miniatura sigue siendo un enorme placer infantil.
¿Qué tiene de especial la animación que a veces comunica más profundamente que la realidad? Creo que la animación está llena de vida, y especialmente la de stop-motion. Todo lo que ves en la pantalla ha supuesto tanto esfuerzo, tiempo y amor; horas, días y meses de trabajo para obtener unos cuantos segundos en pantalla. Cada detalle que vez, cada pequeño movimiento… La sensación de vitalidad se palpa intensamente.
¿Qué métodos usas para darle a tus marionetas la apariencia de estar vivas? Cuando construyo una marioneta hay un momento en que percibo que está lista para vivir. Cuando siento esa magia, sé que la marioneta funciona. Ocurre lo mismo con la animación: necesito encontrar la pose en que la marioneta comunica sus sentimientos a la cámara. También me gusta animar haciendo movimientos mínimos, casi microscópicos (balanceos, parpadeos) para dotar de vida a la marioneta.
¿De dónde viene tu deseo por contar historias? Más que considerarme una contadora de historias, creo que hay ideas que necesito expresar, y que la historia es sólo la manera de comunicar ese sentimiento, situación o manera de ser. La historia es como el colgador que sujeta la idea para que la gente pueda verla.
Una parte de tu familia participa en tus animaciones, ¿cómo surge esa colaboración? Provengo de una familia de artistas, arquitectos, diseñadores. Cuando estudiaba, era natural que se integraran a mi equipo porque podían entender fácilmente mis referencias, eran muy talentosos, ¡y sobre todo libres!
Cuando estaba filmando “Pedro y el lobo” en Polonia, mi hermano Jonny me visitó un fin de semana. Nos hacían falta animadores y aunque era su primera vez, animó una de las tomas. ¡Es una toma muy quieta!
¿Alguna vez has viajado buscando inspiración para tus filmes? ¿Has conocido a alguno de tus personajes en el viaje? Cuando investigaba y escribía el guión de “Pedro y el lobo” viajé dos veces a Rusia. Sentí que no escribiría cómodamente sin tener una experiencia de primera mano del país. Hablé con muchísima gente, especialmente con jovencitos de la edad de Pedro, y también con abuelos y cazadores. Quería descubrir lo que pensaba realmente la gente. Necesitaba ver el paisaje y la arquitectura con mis propios ojos, sentirlos yo misma. Para mí era importante que el filme tuviera un sabor auténticamente ruso, y no fuera sólo la ensoñación de una chica inglesa. En uno de estos viajes conocí a un jovencito que era la viva imagen de Pedro. Me permitió fotografiarlo y usamos sus fotos como inspiración en el diseño de la marioneta.
¿Qué te hace vibrar? Me siento muy conectada e inspirada por la música. La música está en el corazón de mi trabajo e imaginación. Cuando rodé “Dog”, estuve trabajando sola en un sótano durante meses. En una viejo radiocasete escuchaba una y otra vez “Black Rider” de Tom Waits. Su espíritu está en el filme, y cada vez que veo “Dog” vuelvo a sentir esa música.
¿Has aprendido alguna lección esencial durante tu formación en el “Royal College of Art”? Mientras animaba “Dog” en el Royal College of Art sentí que canalizaba una fuerza exterior, como si permitiera que una especie de energía universal fluyera por mí, y de mis manos a las marionetas. El filme tiene su propia vida… yo simplemente posibilité su existencia. Abandonar el sentimiento de responsabilidad, control y apropiación es fundamental para que las historias, y quizá cualquier obra de arte, viva y respire.
¿Fluyes libremente después de haber ganado un Oscar? Desde entonces he invertido todo mi tiempo en mi familia y en criar a mi hija. Tuve que poner mi trabajo en pausa. Pero tengo muchas ganas de volver a animar pronto.
La industria de la animación por lo general subestima a los niños. ¿Te has enfrentado a la pobre valoración que la industria hace sobre las necesidades de los niños? Sí, muchas veces. Mucha de la animación dirigida a los niños es deficiente. Creo que los niños deben nutrirse con obras artísticas de sentimientos, significado, integridad, oscuridad y luz, tanto como los adultos.
La ambientación y estética oscura de tus animaciones, ¿es resultado de tu personalidad o de la búsqueda de un estilo? Soy una persona pesimista y mi tendencia natural se inclina a la oscuridad. ¡Cuando trabajo tengo que luchar para dejar entrar luz!












A pesar de su sordidez, me parece muy congruente que le dediques un álbum ilustrado a Elmer Campos… porque los niños en algún instante de su vida se sienten perdedores, se reconocen en ese sentimiento. No lo sé, a mí me plantea una duda saber para qué edad es este libro. Por una parte acabamos de hablar de su relación con la infancia, pero claro, el personaje tiene algo de underground y marginal… es ese personaje que llega al final del camino, no ha encontrado nada y se ha introducido en un mundo completamente alejado de los niños, y descubre que allá lejos, en aquellos recuerdos de su infancia, encuentra un nuevo camino; realmente es un poco extremo porque puedes decir “esto es sórdido y cutre” pero a la vez puede ser ñoño, muy cursi, es decir, puedes plantearlo como un cuento que juega con extremos, que puede ser kitsch, exagerado… Mi esperanza es que funcione con todos los públicos. Puede que no funcione con ninguno. Puede que interese a la edad fronteriza de la adolescencia porque es cuando uno empieza a vivir cambios y a intuir que está entre dos épocas… vamos, tampoco sé si el personaje funcionará con los adolescentes, no tengo ni idea, tú haces un libro y no sabes lo que va a pasar con él. El cuento muestra un proceso que va de la decadencia a la luz. ¿De qué procesos de decadencia has salido airoso? Creo que hago cuentos para no hablar de mí mismo. En toda historia hay una parte autobiográfica, pero no me intereso yo mismo como personaje. Me imagino que cualquier persona adulta en algún momento de su vida ha tropezado, se ha visto en alguna dificultad, se ha visto perdido, y luego ha tenido que empezar otra vez… eso es cierto y a mí me ha pasado más de una vez. Lo que ocurre es que en el cuento esto lo he exagerado a través de todos los emblemas del perdedor: es un personaje con sobrepeso, prematuramente envejecido, muy calvo pero a la vez con el pelo muy largo, muy desaliñado, gafas muy gruesas, o sea, justo lo contrario de los iconos del mundo de la moda, de los famosos; tiene manchas en la camiseta, fuma, está tumbado en el sofá, ve la tele, come pizza, bebe una cerveza tras otra. Por una parte esto no me atrae como forma de vida, pero también tengo una simpatía hacia el que está metido ahí y que no lo ha elegido, o sí, no lo sé… me parece muy humano. Humano, desamparado. Exactamente, es un personaje exageradamente real, abatido, desamparado, solo… yo espero que no cause demasiada repulsión y que despierte simpatía. Cualquiera nos hemos visto en un apuro. Claro, pero no siempre somos capaces de reconocer que la vida nos pone en situaciones difíciles, que nos sentimos solos. Exacto, lo que ocurre es que la sociedad también da la espalda al que se confiesa perdedor, y se crea un circuito de retroalimentación, es decir, si quiero que me den trabajo tengo que decir que triunfo, si digo que pierdo no me dan trabajo. Entonces lo normal es que mostremos nuestro lado más amable, exitoso. Pero bueno, a este personaje lo vemos sin máscara, lo vemos solo, en ese encierro en que está metido en su casa.
Usas mucho la simbología. Has confesado que tú mismo te sorprendes de que aparezcan símbolos en tus imágenes sin haberlo planeado. ¿Crees que la simbología es una construcción premeditada del artista o más bien es la propia realidad la que se encarga de salpicar con símbolos tus imágenes, incluso a pesar de ti)? Bueno, cuando empecé a hacer Limoncito no había ninguna elaboración simbólica. Había una historia pura, la de un perdedor y cómo de repente aparece en su casa Limoncito, el osito de su niñez, con situaciones que acaban traduciéndose en una transformación del personaje… bien, cuando yo pienso la historia no estoy trabajando sobre símbolos sino sobre emociones y conflictos y cómo se resuelven… lo que ocurre es que cuando empiezo a crear la historia con imágenes empiezo a descubrir colores, formas, elementos que crean un universo, una espacio visual, un ritmo (como ocurre en la música, donde hay un leitmotiv, elementos que se repiten). No me preocupa tanto transmitir un significado e interpretación, sino crear un universo visual con elementos que luego pueden tener un peso simbólico, por ejemplo el color amarillo es muy importante en este cuento. Hay una serie de elementos que voy utilizando, pero no me interesa que al final haya un manual de instrucciones sobre cómo leer el libro. Pero lo hay. Sí y no. Me interesa que se pueda leer de más de una forma, de hecho el primer lector del libro soy yo mismo, y empiezo a jugar con distintas lecturas que puede haber y hay momentos donde me interesa que haya ambigüedad, que no esté clara cuál de las dos interpretaciones es la que vale, es decir, no me preocupa tanto la transmisión de un significado como dar al lector la oportunidad de entrar en un universo donde él tiene que buscar qué pasa; de hecho puede haber más de una explicación. Regálanos una versión resumida de Limoncito. De una forma muy esquemática, es un cuento que tiene tres, quizá cuatro momentos claves: un momento inicial de oscuridad, un personaje abandonado, aparece una luz, ese osito que viene a buscarle, pero la cosa no es tan simple, el personaje lucha, no quiere que el osito le cambie su vida, hay un conflicto, y por último un descubrimiento -que no voy a revelar- que le inclina a ver las cosas de otra manera; pero claro, si fuera todo a la primera, si el personaje descubriera esa visión en la segunda página, no habría cuento. Lo importante es que sea un descubrimiento inesperado, progresivo… se podría resumir como una noche tormentosa, todo lo que ocurre de la noche al amanecer, hasta que sale el sol. Por eso tiene también un lado dulce, esperanzador.









-¿Hay algún impulso metafísico que te motive a dibujar? No. Dibujar siempre me ha parecido natural. Apenas ahora que trabajo como ilustrador hay ocasiones que dibujo sin ganas.





















-¿A qué superhéroes del cómic americano rescatarías de un incendio? A ninguno, y lo digo sin ánimo de ofender. Bueno, quizás a Plastic Man, aunque dudo que se lo pueda llamar superhéroe.